Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Cazadores de herencias: por qué pagamos 3.000 € por un chivatazo y cómo encontramos al primo cuarto de un fallecido en una cárcel francesa

diferencias sucesión testada intestada

Llevamos en este negocio desde 1960. Tenemos entre 500 y 800 expedientes abiertos al mismo tiempo y nuestras investigaciones nos han llevado desde Alaska hasta Australia. Esto no va de buscar herederos en Google: va de partidas de nacimiento parroquiales, viajes a pueblos de origen y, sí, de pagar hasta 3.000 € a un portero por una pista. Te contamos cómo funciona por dentro.


¿Qué es un cazador de herencias? (Y por qué la palabra «cazador» se queda corta)

Cuando los medios nos llaman «cazadores de herencias» suena a película. La realidad es bastante más artesanal: somos un equipo formado por abogados, criminólogos e historiadores que partimos del fallecimiento de una persona sin herederos aparentes y vamos reconstruyendo, hacia atrás, todo su árbol genealógico.

Buscamos primero a sus padres. Después a sus abuelos. Luego a sus tíos, primos, primos segundos, primos cuartos. Hasta dar con el familiar legítimo que, en muchísimos casos, ni siquiera sabía que tenía un piso a su nombre en Madrid.

No es un porcentaje grande del total de herencias en España. Son casos muy concretos: pisos cerrados durante años, propietarios que fallecieron sin testamento conocido, familias dispersadas por la emigración del siglo XX. Pero son los que nos definen.

El despacho: de los años 60 al expediente número 800

El despacho Navarro y Navarro Abogados abrió sus puertas en los años 60. A partir de los 70, mi padre empezó a especializarse en este tipo de casos. Hoy seguimos en lo mismo, ya como segunda generación, con un equipo multidisciplinar que combina derecho sucesorio, investigación criminológica y trabajo histórico-genealógico.

En este momento tenemos entre 500 y 800 expedientes abiertos simultáneamente. Cada uno con su árbol, su geografía, sus archivos y, normalmente, su sorpresa.

El caso de los 50 herederos: cuando un solo expediente se reparte entre tres continentes

Uno de nuestros casos más reveladores arrancó con un fallecimiento sin herederos aparentes en Madrid. Al tirar del hilo del árbol genealógico, fuimos localizando familiares en:

  • Madrid y Barcelona, los más cercanos.
  • Austria, fruto de migraciones europeas previas.
  • Venezuela y Argentina, herederos directos de la gran emigración española del siglo XX.

Al final del proceso, eran entre 40 y 50 herederos legítimos. Cuarenta o cincuenta personas que compartían un parentesco con el fallecido y que, en su mayoría, no se conocían entre sí.

El trabajo no terminó cuando los encontramos. La parte realmente compleja fue ponerlos de acuerdo: gestionar cuarenta y tantas voluntades, tiempos, expectativas y husos horarios para una misma herencia. Funcionó. Pero llevó su tiempo.

Cómo investigamos: del registro civil de un pueblo al chivatazo de un portero

La gente asume que con internet esto se resuelve en una tarde. No.

Es verdad que la digitalización de archivos ha acelerado mucho determinadas búsquedas. Hay registros que antes exigían semanas y ahora se consultan en minutos. Pero el grueso del trabajo serio sigue siendo analógico:

1. Archivos y registros civiles

Partimos del certificado de defunción y rastreamos hacia atrás: padres, abuelos, bisabuelos. Cada salto generacional abre nuevas ramas que hay que verificar una por una.

2. Partidas de nacimiento parroquiales

Antes del Registro Civil moderno, los nacimientos quedaban anotados en libros parroquiales. Muchas veces tenemos que desplazarnos físicamente al municipio de origen de la familia y revisar manuscritos del siglo XIX o principios del XX.

3. Manuscritos, visados y documentos antiguos

Cartas, visados de emigración, listas de pasajeros de barcos transatlánticos. Para reconstruir una rama que se fue a Argentina en 1920 hay que mirar exactamente eso.

4. Trabajo de campo

Sí, todavía hoy. Pueblos pequeños, parroquias rurales, archivos municipales que no están digitalizados. Donde hace falta ir, vamos.

5. Los «chivatazos»: el factor humano

Aquí está la parte que más llama la atención. Muchos expedientes empiezan no en un archivo, sino en una llamada: un portero, una vecina, alguien que lleva años viendo un piso cerrado, deudas acumuladas en la comunidad y ningún familiar a la vista.

Pagamos hasta 3.000 € por cada pista que nos lleva a abrir un caso real. No es un cebo: es el reconocimiento a una información que, sin ese ojo de la persona que vive al lado, jamás habríamos tenido.

«Pero ¿cómo voy a tener yo una herencia?»: por qué nos cuelgan la primera vez

Esta es probablemente la parte más humana del oficio. Cuando localizamos a un heredero —imagínate, una persona en Buenos Aires que descubre que es primo cuarto de un señor que vivió y murió en Madrid— y le llamamos por teléfono, la reacción más habitual es:

«Pero ¿cómo que tengo yo una herencia? Esto suena raro.»

Nos han colgado el teléfono. Nos han cerrado la puerta en la cara. Es absolutamente comprensible. En un país donde abundan las estafas telefónicas, recibir una llamada que empieza con «le llamo porque ha heredado un piso en Madrid» activa todas las alarmas. Y debe activarlas.

Por eso, cuando contactamos con un heredero, le explicamos a fondo el árbol genealógico completo que hemos reconstruido. Le enseñamos que conocemos a su bisabuelo, a la hermana de su bisabuelo, el pueblo del que salieron, el barco en el que cruzaron el Atlántico. Cuando ven el nivel de detalle, entienden que no es un invento.

A partir de ahí, suele cambiar todo.

La emigración española del siglo XX: nuestro mejor mapa (y nuestro mayor reto)

Si tuviéramos que señalar la variable que más define este oficio en España, sería esta: la diáspora del siglo XX.

Millones de españoles salieron del país entre las décadas de 1900 y 1970. A Argentina, a Venezuela, a Cuba, a Francia, a Alemania, a Suiza, a México. Muchos no volvieron. Sus hijos y nietos crecieron en otros idiomas, con otros apellidos compuestos, a veces sin haber pisado nunca el pueblo de origen de la familia.

Cuando uno de esos emigrantes —o uno de sus descendientes que sí volvió— fallece en España sin herederos aparentes, el árbol auténtico está al otro lado del Atlántico. Localizar a esa rama implica:

  • Cruzar registros de varios países.
  • Lidiar con apellidos castellanizados, deformados o traducidos.
  • Reconstruir matrimonios, segundas nupcias y reconocimientos de paternidad en jurisdicciones distintas.
  • Y, finalmente, viajar (o coordinar gestiones legales locales) en países donde nuestro sistema legal no aplica directamente.

Hemos localizado herederos en Alaska, Australia y hasta en cárceles francesas. No es una metáfora. Es donde estaba el familiar legítimo cuando le encontramos.

¿Y si tu vecino ha fallecido y nadie aparece?

Esta es la pregunta que más nos hace la gente al final de las entrevistas y reportajes. Es una pregunta legítima y tiene una respuesta práctica.

Si en tu comunidad hay un piso que:

  • Lleva cerrado durante meses o años.
  • Acumula deudas de comunidad sin que nadie responda.
  • Tenía un propietario del que se sabe que ha fallecido, pero no aparece ningún familiar que se haga cargo.

…hay muchas probabilidades de que ese inmueble tenga uno o varios herederos legítimos que ni siquiera saben que existe. Pueden estar en el pueblo de al lado. Pueden estar en Mar del Plata. Pueden ser primos cuartos que ni se imaginan que comparten apellido con el fallecido.

En esos casos, tu información puede ser exactamente la pista que falta para que ese piso vuelva a tener dueño, la comunidad cobre lo que se le debe y unos herederos legítimos reciban lo que les corresponde por ley.

Por qué este oficio existe (y por qué seguirá existiendo)

Los pisos vacíos no son solo un problema patrimonial. Son un problema de comunidad, un problema fiscal y, en muchos casos, un problema humano: una vida que terminó sin que nadie se enterara, sin que nadie reclamara los recuerdos.

Cuando localizamos al heredero legítimo —el que la ley reconoce, el que probablemente ni sabía que existía esa rama de la familia—, lo que estamos cerrando es bastante más que un expediente jurídico. Estamos uniendo dos puntas de una historia familiar que la emigración, el tiempo o el olvido habían separado.

Por eso seguimos haciéndolo desde 1960. Y por eso, sí, seguimos pagando 3.000 € a quien nos llame con la pista correcta.


¿Conoces un caso así? ¿Un piso cerrado en tu comunidad, un familiar lejano del que sospechas que falleció sin herederos a la vista? Ponte en contacto con Navarro y Navarro Abogados. Estudiamos cada caso de forma confidencial y sin compromiso.

¿Necesitas asesoramiento? Hablemos de tu caso